viernes, 13 de abril de 2012

Noventa y dos


"El arte de vencer se aprende en las derrotas."
(Simón Bolivar)

foto: Pachamama

Transilvania (II)

















Brasov fue uno de los puntos calientes contra el régimen de Ceausescu. Las protestas fueron particularmente violentas porque el Gobierno utilizó la fuerza del ejército contra unos ciudadanos que, a fin de cuentas, sólo exigían productos alimenticios básicos. Prueba de la masacre que aconteció en aquellos días negros de 1987 está el Cementerio de los Héroes, con su treintena de lápidas a la vista de todo el mundo, en el extremo norte de la peatonal Str. Republicii, allí donde en un pequeño parque reposan para la eternidad esos valientes locales que lucharon por la dignidad de un pueblo oprimido.
Hoy día, lejos de una dictadura demencial pero con la incertidumbre que conlleva la crisis europea, Brasov se erige como una ciudad dinámica y turística. Bueno, esto último será en temporada alta, porque a mediados de noviembre el turismo brilla por su ausencia. Sea como fuere, es indudable que para los amantes de la Naturaleza la urbe está perfectamente enclavada en las faldas de los Cárpatos, tanto es así que no sólo se pueden realizar excursiones desde el mismo centro hacia las montañas vecinas, como el monte Tampa, sino que la numerosa colonia de osos que habita en las inmediaciones merodea por las noches en los barrios periféricos.
Su delicioso casco medieval tiene como epicentro la plaza Sfatului, donde se alza el ayuntamiento (1420), cuya torre dicen que está encantada y que se escuchan extraños ruidos, tal vez sea producto de las numerosas torturas que allí se practicaron, o por tratarse esta plaza del último escenario de quema de brujas de Europa.
Una muralla de tres kilómetros de largo y doce metros de altura rodea el casco antiguo (s. XV), con sus respectivos bastiones y una puerta que da acceso al barrio de Schei donde vivían confinados los rumanos porque tenían vedado el perímetro amurallado en tiempos de dominación sajona.
Además del boscoso monte Tampa y sus excursiones cercanas, otro destino alpino próximo -donde es posible acceder en bus urbano-, es Poiana Brasov, complejo de esquí de primer orden en el país y punto de partida de numerosas rutas de montaña, como el pico Cristianul Mare (1.802 mts.), desde donde obtendremos unas fabulosas vistas de los Cárpatos circundantes.

martes, 13 de marzo de 2012

Noventa y uno


"No hay montaña sin niebla; no hay hombre de mérito sin calumniadores."
(proverbio turco)

foto: troncos (Alt Urgell)

Transilvania (III)



















Los alrededores de Brasov brindan la oportunidad de efectuar magníficas excursiones de una sola jornada sin la necesidad de devorar centenares de kilómetros. Son muchos los lugares de interés que quedan a tiro de piedra de la gran ciudad, por lo que resulta buena idea el alojarse en Brasov para realizar desde allí las visitas pertinentes y estar de regreso al anochecer.
El castillo de Bran es la joya de la corona, el hito más preciado de un viaje a Transilvania, tal vez porque la promoción hace milagros. No obstante, hay que reconocer que el edificio en sí es imponente, encaramado en lo alto de una accidentada loma, con sus torres de cuento de hadas y angostos pasillos en su laberíntico interior. Muchas veces se asocia este castillo con Drácula -tanto con el conde de ficción como con el real-, pero ni con uno ni con otro tiene nada que ver, a lo sumo Vlad Tepes pasó aquí un par de noches mientras huía de sus perseguidores turcos, en el siglo XV.
La fortaleza de Râsnov, a 18 kilómetros al sur de Brasov, es otra de las numerosas que pueden encontrarse en la región. Está parcialmente restaurada y, como no, se alza en lo alto de una montaña, rodeada de profundos bosques, y extendiéndose a sus pies la pequeña ciudad homónima. La fortaleza es obra de los caballeros teutones para protegerse de las invasiones tártaras.
Para adentrarse en los Cárpatos nada mejor que ir a los montes Bucegi, patria del oso y de los densos bosques de coníferas. Las ascensiones que aquí se pueden llevar a cabo son numerosas, ya que abundan las cimas que sobrepasan los dos mil metros de altitud, así como también se puede practicar el esquí. Hay algunos teleféricos, refugios y un par de localidades de interés: Busteni y Sinaia, la primera bajo el monte Caraiman (2.384 mts.) y sede anual de la copa del mundo de escalada en hielo; y la segunda, algo más grande, residencia de la nobleza, con el castillo de Peles como protagonista indiscutible.

jueves, 16 de febrero de 2012

Noventa


"El capitán no es el capitán. El capitán es el mar."
(Jesús Lizano Lizanote)

foto: mágico invierno (Andorra)

Francia atlántica









Comenzamos el viaje en Nantes (Naoned en bretón), antigua capital de la enigmática Bretaña y hoy animada ciudad universitaria. Un interesante museo alberga libros y manuscritos originales de Julio Verne, nacido en Nantes en 1828. Tampoco obviamos el espléndido château de los duques de Bretaña, edificio rehabilitado cuyas claras e inmaculadas fachadas resplandecen bajo un sol mañanero.
La siguiente parada prolongada ya es mucho más al sur, en La Rochelle, conocida también como la ciudad blanca por sus viviendas de piedra caliza. La urbe tiene un marcado pasado marinero, ya que fue uno de los principales puertos entre los siglos XIV y XVII, y desde aquí partieron los primeros colonos franceses a Canadá, incluyendo los fundadores de Montreal. Pero si hay un monumento que destaque sobre los demás en la urbe no es otro que las altivas torres de defensa (s. XIV) situadas en la bocana del puerto.
En los alrededores de La Rochelle existen varias islas al alcance de la mano; nosotros nos decantamos por la Île d´Oléron, la más grande de ellas, fácilmente accesible por un extenso puente que la une al continente y donde encontraremos una ciudadela construida entre 1630 y 1673, además de un faro pintado a franjas que otea el siempre ventoso horizonte.
Burdeos es visita obligada aunque no guste el vino -como a un servidor-, ciudad que ya impresionó al mismísimo Victor Hugo por la majestuosidad de los edificios. Aquí hay mucho que ver: el multicultural barrio de Saint Michel, o el de Saint Pierre, con un interesante conjunto arquitectónico que data de los siglos XVIII y XIX; la espléndida Place de la Bourse, el Grand Théâtre, la peatonal Rue sainte Cathérine, la fuente des Girondins (levantada a finales del siglo XIX en memoria de los diputados revolucionarios), la catedral de Saint André (considerada la más bella de la ciudad)...
Arcachon es una célebre localidad de veraneo desde el siglo XIX, si bien durante el invierno queda envuelta en una cierta atmósfera de decadencia, momento oportuno para visitarla sin la molestia de las aglomeraciones. El casino, un animoso mercado y un parque de hace dos siglos levantado en lo alto de la ciudad con buenas vistas sobre la playa bien merece una visita.
El viaje finaliza en el interior de Aquitania, circulando entre interminables viñedos y haciendo una parada en Saint-Émilion, pueblo medieval cuya tradición vinícola se remonta a la época romana.

viernes, 13 de enero de 2012

Ochenta y nueve


"Quien sabe adular sabe calumniar."
(Napoleón Bonaparte)

foto: dos edificios (Barcelona)